Por el año 1670, una señora de la familia de los Pontes, de Garachico acompañada de un fraile, su capellán y un criado partieron del valle de Santiago hacia el barranco de Ixora donde aún no existía ninguna vereda.
Guiando la señora y atravesando un terreno cubierto de tabaibas, cardones, balos y otros diversos árboles añosos, entre piedras de lava, llegaron al sitio que hoy ocupa la iglesia, donde hicieron alto y se les apareció un pastor semisalvaje, el que refirió a los viajeros que allí cerca de él por una veredita iba y venía a menudo un perro como queriendo indicar alguna cosa, entrándoles la curiosidad dirigieron todos al ignorado sitio al que el perro guiaba. A él llegado, detuvo gruñendo el perro con los ojos dirigidos a un objeto que dentro de la cuevecita divisaba. Arrodillaron y notaron entonces una pequeña imagen que recogida fue trasladada a la choza del pastor. La señora tomó la imagen por su cuenta, ofreciendo hacerla en el llanito de Ixora una capilla y además hacer venir el agua desde la cumbre, cuyas promesas cumplió.
Cuando Garachico fue inundado de lavas ardiendo, del volcán que le destrozó, invocaron a dicha imagen, ofreciendo traerla a la población si cesaba la corriente, con gran pompa y procesión, acaeció así y todos los años sucesivos celebraban su fiesta, con lo que agradó mucho el naciente pueblo que se denominó por esta causa de Guía. Cada cinco años traían la imagen de guía a Garachico en pública procesión, con gran ruido y parrandas, por cuyo motivo se le llamo borrachos, y a consecuencia de estos hechos suprimieron tan larga romería. Los de Garachico a puro trabajar consiguieron de los de Guía que la primitiva imagen la tomaran los de Garachico y los de este pueblo les dieron en cambio otra nueva y mayor. Los Brieres y los Pontes disputaron luego en el pueblo de Garachico la posesión de la imagen, cortándose al fin la polémica depositando la Virgen en el convento de las mojas Claras. Actualmente en el Convento de Concepcionistas Franciscanas.
Datos recogidos del libro escrito por Don Cipriano de Arribas y Sánchez.
Tantos fueron los cadáveres habidos en la batalla de La Laguna de Aguere, que al corromperse alteraron el aire dejándolo cargado de miasmas venenosas. Porque como no enterraban a los guanches muertos, sino que los secaban al calor del sol después de haberles extraído las entrañas, aquellos hálitos mefíticos fueron causa de una epidemia pestilente que se manifestaba con fiebres malignas o agudas pleuresías a las que seguía un letargo mortal, un sueño veternoso (Coma letal (sueño veternoso en el lenguaje de Viera), que ocurría en la etapa final de la enfermedad y que llegó a ser el síntoma preponderante. Dado que los españoles denominaban modorra a cualquier cuadro que cursara con letargo o coma, no es extraño que todo el síndrome fuera conocido por este nombre a falta de uno mejor) llamado modorra.
De aquella calamidad morían más de cien isleños al día, lo que, unido a la sangrienta guerra que los españoles les hacían, postró sus ánimos con un abatimiento y melancolía tan tenaces que apenas les quedaban fuerzas para salir de sus cavernas.
Así, sólo cuerpos muertos y silencio encontraron Gonzalo García del Castillo y Fernando Trujillo, Capitanes españoles. Habían subido a la vega de la Laguna con quinientos hombres a fin de hacer alguna presa de ganado, pero no hallaron ninguno sino que toparon con los estragos de la plaga. Iban ya a tornarse a Santa Cruz sin botín cuando, sobre lo más alto de un cerro vecino, una mujer guanchinesa les decía a grandes voces:
-“¿Qué hacéis, cristianos? ¿Cómo no entráis y os apoderáis de la tierra? Todos los guanches se van muriendo y no hallareis con quien pelear,”
Corrieron los españoles aquel cerro en busca de la mujer, pero ningún rastro de su presencia pudieron descubrir. Desapareció igual que desaparecen las imágenes de los espejismos cuando la mano quiere tocarlos. Desde el alto en que estaban, se extendía ante ellos el valle de Tegueste, solitario, silencioso, como el reflejo inmóvil de un paisaje que alguien hubiese soñado. Resolvieron los españoles bajar cautelosamente y, habiendo examinado algunas cuevas y cabañas, las hallaron desamparadas y, en ellas, algunas cortas cantidades de gofio, queso y cebada. Determinaron llevarse aquellas parcas provisiones y, estando entretenidos en la faena de acopio, oyeron grandes sollozos que salían del interior de una gruta. Entraron al instante y vieron que cierto anciano venerable, acompañado de una niña y dos muchachos, se deshacían en lágrimas sobre el cadáver de la madre que acababa de expirar tocada de la plaga maligna.
Pensaron entonces los cristianos en hacer cautivo al guanche con sus hijos. Adivinó el anciano el propósito de los españoles y antes de que pudiesen impedirlo alzó su banote de tea y dio muerte con él a los niños. Luego se atravesó el vientre con el dardo. Moribundo, exclamó con voz trémula:
-“Más quiero perecer con mis hijos que verme con ellos en una esclavitud desdichada.”
Sin duda alguna, en la dieta del hombre primitivo la materia vegetal constituía una parte esencial, y en ésta, los granos y semillas, tenían bastante aceptación. En un principio el hombre prehistórico debió consumir estos productos sin ningún tipo de transformación, ya que, sólo posteriormente se extenderá la costumbre de trituración, lo que va a constituir el antecedente inmediato de las sociedades pre agrícolas, así como el inicio de un cierto tipo de tecnología, especifica en la transformación de los granos.
Inicialmente, la trituración debió llevase a cabo mediante piedras que sólo poseían las irregularidades naturales, o las producidas artificialmente por medio de golpes.
El siguiente paso, debió producirse con la utilización de, bien morteros, en los cuales el grano era machacado por percusión, bien de piedras de forma cilíndrica, que haría rodar sobre otra plana. El grano lo depositaria sobre la plana y su trituración se produciría mediante la acción rotativa del tosco cilindro, que se haría rodar sobre la piedra plana por la fuerza del brazo. Debieron comprobar, posteriormente, que dándole una cierta inclinación a la piedra plana, y colocando la cilíndrica en sentido longitudinal, la fuerza del brazo sería mejor utilizada y la recogida del grano molido más fácil.
Más tarde, utilizaría, seguramente, un disco de piedra más o menos tosco, con su eje de rotación colocando verticalmente al plano sobre el cual giraría, El disco de piedra se haría girar con las manos; el grano, situado entre las dos piedras, se convertiría debido a la fricción en un producto similar a la harina.
El pueblo guanche si bien se dedicaba, fundamentalmente, al pastoreo, también consumía cereales, siendo estos partes importantes y complementaría de su dieta.
Mujeres de antaño, con sus faldas blancas portando sobre su cabeza cubierta con un pañuelo, la bañera en la cual traían su ropa para lavar. Miramos hacia tras y nos podemos imaginar cómo golpeaban una y otra vez la ropa sobre las limpias piedras repitiendo el proceso con otra nueva prenda, extendiéndolas sobre las piedras o el campo de hierba para que el aire las blanqueara. También era un punto de encuentro, de reunión que servía para charlar, y conocer las nuevas noticias de la zona.El agua procedía de manantiales situados en altitudes más altas.
Allá por el año de 1826, y en la noche lúgubre y luctuosa del 7 de noviembre, se desencadenó en las altas cumbres de la isla un violento temporal de lluvias. Con tal motivo los barrancos bajaron furiosamente, atemorizando con sus ruidos pavorosos a los pobres habitantes de La Guancha, lo mismo que a los de otros pueblos comarcanos que vivían en santa paz, sin que ningún hecho truculento alterase sus existencias apacibles y tranquilas…
Las aguas arrastraban en su impetuosa corriente cuanto hallaba a su paso: árboles, ganado, tierras y sementeras… Al llegar al pueblo, desbordadas y tumultuosas, sembraron el luto y la consternación en muchos hogares, en aquella edad sencilla costumbres, en que la vida se desarrollaría, aunque sosegada, entre mil penurias y escaseces de todo género.
Aquella terrible avenida que azoto y arruino la isla fue bautizada con el nombre de “diluvio”. Y los viejos de ayer oían contar a sus padres los detalles horrorosos de la tragedia, desarrollada en la noche ulularte y medrosa, llena de malos presagios…
Pues según consta en los libros de la parroquia, que regentaba a la sazon don Benito Garcia Rodriguez perecieron sólo en La Guancha 49 personas, arrebatadas por las aguas qe desendian furiosas de los montes en avalancha formidable y devastadora…
En el viejo barrio de “la Asomada”, que fue el más castigado, después de “El Farrobo”, y en el “Risco de las Moreras”, situado a la orilla del barranco, vivían en casas inmediatas dos muchachos, de cuya próxima boda se hablaba ya.
Al alcanzar las tumultuosas aguas a varias personas que se vieron en trance de perecer, acudió a salvarlas el joven, llamado Marcos Delgado, y fue arrastrado por el torbellino fangoso, sin que las ya agotadas fuerzas le permitieran escapar a la horrible muerte.
Y se dice que la prometida, Gregoria Felipe, que lo adoraba, ante la imposibilidad de poderlo salvar, en un momento de arrebato y desoyendo los gritos desesperados y angustiosos de sus familiares, se arrojó tras él, desapareciendo los dos agitado y revuelto torbellino…
Y cuentan los dichos de la gente que a su ves repiten los relatos de sus abuelos, que al siguiente día, cuando pasada la tormenta lucio un sol de oro en un sereno cielo de limpio azul, los hallaron estrechamente abrazados sobre la arena de una playa, donde la interminable procesión de las olas entonaban entre sudarios de espumas, su triste, ronco y eterno “Miserere”…
“Desposorios trágicos y dolorosos que celebraron con la muerte aquellos seres infelices, ya que no pudieron unir sus destinos, continuando juntos por los floridos senderos de la existencia, en medio de poéticos campos donde tanto se enamoraron”…
¡Oh, fidelidad y heroísmo de las mujeres isleñas, que mueren amando y siempre constante y fieles al objeto de su amor en la vida y en la muerte!...
Por eso La Guancha suele escucharse este cantar, que evoca y recuerda la romántica aventura de esta pareja, ejemplo de lealtad y cariño a pruebe del supremo sacrificio, en aquella lejana tragedia que en lutecio por mucho tiempo tantos hogares en el pintoresco pueblo tinerfeño:
Una joven de La Guancha
vió a su novio perecer,
y no pudiendo salvarlo
se fue a la muerte con él…
La altura del Teide fue un problema que ocupó toda la centuria del siglo XVIII y que acabó con las leyendas que existían sobre su altura. Fueron muchos los científicos europeos que viajaron a Tenerife para calcular, con distintos métodos e instrumentos, la altura del gran volcán. Las medidas se expresaban en toesas ya que el metro aún no había nacid´.
AÑO PERSONAJE ALTURA
1582 Caballero inglés E. Scory 1.629 toesas=3.176 m
1724 Padre L. Feuillé 2.213 toesas=4.313 m
1740 Oficial de Ingenieros M. Hernández 2.658 toesas=5.183 m
1752 Dr. T. Heberden 2.408 toesas=4.693 m
1771 Geodesta J. Borda 1.743 toesas=3.399 m
1776 MarinoJ. Varela Ulloa1.905 toesas=3.715 m
1799 A. von Humboldt 1.909 toesas=3.723 m
1803 P.Cordier 1.920 toesas=3.744 m
Toesas: Medida francesa de seis pies franceses, que equivale a unos siete pies castellanos (Pie castellano: tercera parte de la vara). Equivale a 1,95 m.
El descubrimiento de América en 1492 y las nuevas rutas de navegación a través de la costa occidental africana, convirtieron a Canarias en un punto clave de las hacia el océano Indico. Los barcos de toda Europa regresaban cargados de especias y tesoros, y sus rutas pasaban obligatoriamente entre Azores y Canarias, siendo en estos siglos cuando se produce la mayor proliferación de piratas y corsarios en nuestras islas. Y desde el siglo XV al XVIII, francesas, holandeses, ingleses y berberiscos, atacaron todas las islas, ninguna se vio libre del asedio y la rapiña de estos piratas que eran el terror de todos los barcos que se atrevían a cruzar el Atlantico.
Hoy quiero contarles la historia de un pirata tinerfeño llamado Cabeza de Perro. En el año de 1800, en el pueblo de Igueste de San Andres, nació Angel Garcia, en una pequeña casa junto al mar y muy cerca de donde esta la Cueva del Agua. El apodo de Cabeza de Perro le venia por sus rasgos físicos. Su cuerpo grueso y rechoncho, con nariz chata y ojos pequeños, boca grande y dientes separados, y una cabeza deforme y abultada, por lo que siempre la llevaba cubierta para disimular su deformidad. Angel García había sido un niño maltratado y solitario, el fruto y la suma de muchas iras y rencores, y así creció, arisco y huraño, hasta que tuvo su barco y con el se sintió libre y poderoso, dando rienda suelta a sus mas bajos instintos. Eso si, jamas asaltó barco alguno que navegara en aguas de su isla, a la que volvía de vez en cuando a refugiarse en su casa y donde procuraba pasar inadvertido.
Únicamente a solas con el mar se sentía a sus anchas, y con su barco, El Invencible, surco los mares y se hizo famoso. Con su cabeza enorme, incapaz de discernir pero capaz de asaltar, incendiar y asesinar sin piedad hombres mujeres y niños. Cuando acababa con el saqueo, hundía los barcos y se alejaba en su bergantín sin dejar rastro de sus fechorías.
Cuentan que en una de estas horribles tragedias, cuando se alejaba mirando las olas que se habían tragado su crimen, oyó los llantos de una niña de dos años que se sostenía gracias a los faldones de su vestido, y que decía entre sollozos……mama, upa, mama…. Mientras se alejaba a toda prisa, Cabeza de Perro se mantenía inmóvil, contemplando como le mar se tragaba el frágil cuerpecillo, y al día siguiente, este sanguinario pirata repartió todo su botín entre sus compañeros de pillaje, sin quedarse ninguna parte para el, conservando solo su argolla de oro y su cuchillo. Vendió de prisa su siniestro barco y decidió que ya era hora de volver a casa.
Además ya el reuma atormentaba sus rodillas y los buenos tiempos de la piratería habían pasado pasado, así que volvería a su tierra, a ver pasar los barcos desde la ventana, y quizá podría casarse y tener hijos………y tal vez, ya no oiría mas a aquella niña gritar sobre las olas: Upa….. mama, upa….
Cabeza de Perro entonces compró un pasaje para Santa Cruz de Tenerife en un barco que salia de La Habana. Compró también tabaco, café en abundancia y una cotorra, y durante la travesía no salio apenas del camarote.
Y una mañana, Angel García desembarco en su tierra por primera vez como pasajero, no como pirata. El mismo cargo su equipaje, y con su grotesco aspecto, su cotorra y su paraguas, llamo inmediatamente la atención de los transeúntes del puerto santacrucero, que le dedicaron burlas y cuchufletas. Y entonces sucedió lo imprevisto. De todos los rincones de las callejuelas, surgieron una multitud de niños callejeros que no tardaron en rodear al curioso forastero.
Cabeza de Perro arremetió contra todos ellos con su afilado paraguas, y entonces los pequeños “palanquines”, la emprendieron a pedradas con el, y le arrebataron la jaula de la cotorra, el sombrero y el paraguas, dando en tierra con los huesos del pirata y pateando su cabeza contra los adoquines. Curiosamente, eran los niños, aquellos a los que sin piedad había pasado a cuchillo junto a sus madres, los que le entregaban a la justicia de los hombres.
Cuando acudieron los guardias, estaban inmóvil, pero mantenía en su mano el cuchillo que había sacado para defenderse de la chiquillada. El singular cuchillo, con el mango de una cabeza de perro, lo delató, y por primera vez en su vida, sintió sobre el la mano de la justicia, a la que se sometió humildemente.
Cuentan que en la cárcel se entretenía en fabricar la replica de un barco en miniatura. Cuando se le preguntaba, viendo el primor con que ajustaba velas y jarcias, para quien era el juguete, contestaba “para una niña que me llora dentro”. Fueron los llantos de aquella niña que se trago el mar los que volvieron manso al desalmado pirata, y cuando alguien le sugirió la idea de pedir clemencia a la Reina de España, se limitó a contestar cabizbajo y con voz temblorosa “No es ella la que debe perdonarme”.
Paso largo tiempo en el Castillo de Paso Alto, y cuando se supo la sentencia de su muerte, nadie quiso perderse el espectáculo de su traslado, a pie y entre bayonetas, desde aquella fortaleza hasta el barrio del Cabo, donde tuvo lugar la ejecución. Cuando por fin llego el día, el sargento encargado de conducirlo le pregunto si deseaba una ultima gracia. Y el reo Ángel García, con la cabeza erguida y una ligera sonrisa en su rostro, sólo pidió un buen habano para ir fundándolo, y que llevaran su barquito a la Virgen del Carmen de su pueblo, Igueste de San Andrés
Corría el año de 1797 y Santa Cruz de Tenerife era un incipiente puerto que empezaba a convertirse en el mas importante de la isla. También era un plaza fortificada que en numerosas ocasiones tuvo que defenderse del ataque de piratas y corsarios que intentaban hacerse con el dominio de la ciudad y de las islas. Durante mucho tiempo los ingleses quisieron conquistar las Islas Canarias por ser un punto estratégico en la ruta hacia las Américas. Uno de los mas importantes militares de la flota inglesa, el Almirante Nelson, fue el encargado de llevar a cabo la anhelada misión y se le dotó de una pequeña escuadra para ello. Nelson, con su flota de navíos y una dotación de 900 hombres, organizó la toma de la ciudad tinerfeña, la cual estaba resguardada tras varios fortines artillados situados en la costa y en las alturas. La noche del 21 al 22 de julio de ese 1797, los santacruceros avistaron la flota inglesa y avisaron al Gobernador de Tenerife el cual dio orden de preparar las defensas contra el inminente ataque. Para ello reunió y desplegó por toda la zona las milicias de que disponía, milicias que estaban formadas en su mayoría por los propios vecinos de santa Cruz,y que contaban también con un destacamento francés.
Afortunadamente el primer intento de desembarco inglés fracasó, ya que los defensores estaban alertados y los vientos desfavorables abortaron el intento.
Al día siguiente lo intentaron de nuevo, y se produjo entonces un desembarco de unos 1.000 hombres en la . Pero gracias a los hombres que disparaban desde el y gracias también a lo escabroso del terreno, los ingleses tuvieron que iniciar su retirada y embarcaron de nuevo. Su segunda intentona había fracasado. A ultima hora del día 24 de Julio, los ingleses decidieron intentar el tercer desembarco y unos 700 soldados se prepararon para el asalto final. A primeras horas del día 25 de Julio, en silencio y con sigilo, se acercaron a la bahía, pero la Fragata española San Jose dio la alarma y el castillo de Paso Alto lo mismo. La baterías hicieron fuego y tanto castigaron a los ingleses que causaron muchas bajas en la flota invasora.
De hecho incluso Nelson, que viajaba en unos de los botes que logro desembarcar, recibió un impacto del conocido como “Cañón Tigre” en el brazo que se lo destrozó por completo y fue evacuado
La rendición fue firmada el día 25 de Julio y todos los ingleses reembarcaron en sus naves y se fueron llevándose a su almirante herido en su cuerpo y en su orgullo. Sin embargo, desde su navío escribió una carta al por entonces Gobernador de Tenerife, General Antonio Gutierrez, para agradecerle su generosidad para con el y su hombres. La Bahía de Santa Cruz y sus habitantes se cubrió de gloria, y el Cañon Tigre se puede admirar desde entonces en el Museo Militar de Canarias Base de Almeida en Santa Cruz.
De los acontecimientos acaecidos durante la conquista de la isla fue considerado como mejor historiador a Antonio de Viana (Tenerife 1578 - Sevilla 1650). La información llega de hijos a nietos de los mismos conquistadores.
“ ...viendo Añaterve que en Añaza, puerto de mar, que en términos de Anaga, no lejos de los suyos, los cristianos estaban, y sabía que querían que fuesen sus amigos, los nivarios, y que se bautizasen, parecióle cómoda y oportuna coyuntura para mostrar de tanto amor las obras. Quiso ir a visitarles como amigo, y habido su consejo con los grandes, acompañado de hidalgos nobles, partió determinado de su reino para el puerto de Anaga, por la costa, a donde don Alonso con su gente, habiendo alzado ya el Real del puerto,do tuvo con Bencomo diferencias.” “...el famoso Añaterve, rey de Güimar, llegaba a Santa Cruz, cristiano albergue, acompañado de su gente noble y de seiscientos hombres de su guarda a visitar de paz los españoles; divisan los espías y atalayas la multitud, y dánle dello aviso al General, altérase el ejército, apréstase, convócanse y ordénanse, pensando cierto que eran enemigos; llégase cerca un natural anciano bautizado, que Antón por nombre tiene, y, en clara lengua castellano, a voces altas, propone a a española gente: "Si os asegura, amigos y señores, mi fé, pues, cual vosotros, soy cristiano, cesen de Marte agora los fugores que de amistad y paces doy, la mano; estos que véis son vuestros servidores, creedme, pues os hablo castellano que quieren, (aunque extraños naturales), pediros paces y amistad leales. Añaterve, que en Güimar coronado, es por supremo rey obedecido, os viene a visitar, de Dios guiado y de mis persuaciones conmovido, que de la Imagen Santa enamorado, que ha en su reino y tierra aparecido, procura serle gratoy, por servicios, hacer a los cristianos beneficios." Agradecido de ellos y gozosísimo, el General ilustre, acompañado de los más principales del ejército, sale al recibimiento de Añaterve; allí se ve y señala el noble término, la cortesía y discreción prudente, comedidos y humildes se saludan, dánse los brazos como amigos firmes; hacen luego la salva de alegría, con gruesa artillería, los navíos en el mar y, en tierra, arcabuceros, pífanos, cajas, trompas y clarines, júntanse naturales y españoles nótanse los trajes, y admirados los naturales, el estilo, el orden y conciertos de guerra, consideran las varias armas, picas, arcabuces, las espadas, montantes y ballestas, adargua, alabardas, los caballos, las ingeniosas sillas, riendas, frenos, estribos, acicates y grandezas, que suspendían a los fuertes bárbaros.” “ Tratan el General y el Rey, su amigo, de las cosas tocantes a la guerra para buenos sucesos de conquista con avisos y ardides de importancia; promete el Rey, al General, de darle socorro, ayuda, gente, proveyéndole de cebada, de quesos y ganados, y sobre todo avísale se guarde de soberbio Bencomo del Taoro. Después, celebran el alegría día, de amistades y paces inviolables, y a gusto y beneplácito de todos, el Rey, con voto y juramento, rinde su poder al Católico Fernando, prometiendo de darle obediencia y bautizarse en siendo tiempo cómodo; hacen después de esto grandes fiestas, bailes, carreras, pruebas, luchas, saltos, con placer, regocijos y alegría...” “ ...Añaterve, habiendo ya informado al General de cosas de importancia, tocantes a ejercitos de la guerra,de él se despide con ofertas grandes, quedando muy prendados, los de España, del trato y noble término nivario y todos los nivarios satisfechos de la rara nobleza de españoles, prometiendo de verse con victoria para dar al gusto más colmada gloria.”
Antonio de Viana
La descripción fue sacada de su obra más importante "Antigüedades de las Islas Afortunadas" editada en Sevilla en el año 1604.
La primera mención de un batán en el barranco data de 1538, cuando Luís Velázquez arrienda a Juan Gonzales "...Una guerta de arboleda con un batan e un molino casa e todo lo demas que le pertenece que yo tengo e poseo en el barranco de la Madalena...".
Dentro del proceso técnico de elaboración de tejidos de lana, podemos distinguir tres pasos fundamentales; la hilatura, el tejidos de los paños y el bataneado de los mismos. Por medio de este último, llevado a cabo dentro del edificio del batán, se limpiaba el paño de las impurezas que habia adquirido en los procesos anteriores, tanto de grasa y polvo, como motas, pajas, elementos adheridos, etc... Para ello, tras someter el tejido a diversos baños-el primero con agua caliente y otro con una mezcla de agua caliente y arcilla arenosa-,el paño era introducido en la pila del batán, donde mediante golpes de mazs, se enfurtía el mismo, es decir, se le daba el cuerpo correspondiente y la necesaria codena o grado de resistencia de la tela. ¿En que consistía un batán?. Tras haberse canalizado el agua del barranco, esta incidía sobre una rueda vertical que imprimía el movimiento al mecanismo interior del batán. Una vez en el interion, podemos decir que el batán se componía de dos partes perfectamente difereciadas: una pila, donde se bateaban los paños-sumergidos en agua previamente calentada en una caldera y un sistema de mazos de madera de grandes dimensiones que golpeaban el paño allí depositado. Este sistema de mazos se movía gracias a la corriente de agua, pues la rueda iba conctada a un eje que, adentrándos en el interior del mecanismo y mediate una transmisión, hacía mover una serie de levas, dientes que sucesivamente se levantaban y luego abandonaban a su propio peso los mazos del batán, que caían sobre la pila donde se hallaba el paño. Para el cuidado de los mazos, pieza básica dentro del mecanismo del batán, el arrendador disponía de "...una barrena y un escoplo y una asuela y un martillo...".
Finalmente, debemos destacar como a lo largo de este siglo se impondrá el topónimo Batán es a la hora de referirse a nuestra área de interés. El primer documento localizado en que se utiliza este topónimo esta fechado en 1625, cuando Juan de Mesa cede en enfiteusis "...un pedazo de tierra en los Batanes onde dicen el Picacho...". A partir de de entonces, los antiguos topónimos provenientes del siglo anterior irán desapareciendo rápidamente, de tal manera que desde finales de siglo impondrá este como única denominación, situación que perdura hasta la actualidad.
DATOS TODOS SACADOS DEL LIBRO EDITADO POR LA ASOCIACIÓN DE VECINOS <<CUEVAS DE LINO>> EL BAtÁN. FELICIDADES.
NO PUEDE MORIR JAMÁS QUIEN DE ESCLAVO SE LIBERA
ICHASAGUA... Llevaban los comisionados poderes del adelantado para negociar la paz bajo las mismas condiciones del Tratado de Los Realejos, con olvido de todo lo pasado, proposiciones que acabaron por aceptar algunos de los principales alzados, siempre que el Mencey Ichasagua entrara en concierto.
Aceptado el principio de acuerdo, la asamblea se dirigió hacía el lugar del actual pueblo de Arona, al sitio denominado El Llano del Rey, el cual hasta fines del siglo XVIII en los documentos oficiales se cita como El Llano del Rey Ichasagua. Cuando llegó la comitiva a presencia del Mencey encontraron a éste en pie rodeado de algunos de sus consejeros, mirando al numeroso grupo que se le aproximaba, al frente del cual venía el infante Izora, cuando éste llegó a su presencia y después de dirigirle un saludo le dio a conocer su misión y las proposiciones de paz. El Mencey Ichasagua, sin corresponder al saludo de Izora, sin pronunciar una sola palabra, recorrió con la mirada los rostros de todos los circunstantes como tratando de adivinarles el pensamiento, tiró de pronto de un puñal que llevaba al cinto y se lo hundió en el pecho. Así, cumpliendo con la tradición de sus ancestros, mediante el suicidio ritual murió el penúltimo Mencey Guanche, sin siquiera molestarse en dar repuesta a las propuestas que el verdugo Alonso Fernández de Lugo le trasmitía a través de unos renegados. Tras el fallecimiento del Mencey Ichasagua, algunos de los alzados aceptaron las paces propuesta por los invasores.
Con la ayuda de unos datos meteorológicos locales conseguidos gracias al Dr. Wenger, que está instalado en el Observatorio Meteorológico de Las Cañadas, y gracias también a unas observaciones personales sobre las previsiones inmediatas del tiempo en la región, por fin, una noche, tuvimos la esperanza de que, a la mañana siguiente, el amanecer sería totalmente favorable, el cielo estaría casi despejado, sin nubes que pudieran ocultar la vista del mar y de las islas. Era una oportunidad excepcional para emprender la ascensión al pico de Teide, ascensión que a menudo decepciona al viajero, por ser larga si se empieza desde el llano y porque es imposible, en el punto de partida, pronosticar con un mínimo de certeza el tiempo que va hacer.
Nos ponemos rápidamente en camino hacia el Pico, bien abrigados. Tardamos dos horas en bajar a la caldera y, desde allí, unas siete horas para realizar la ascensión, no sólo por los 1600 metros que hay que subir sino, principalmente, por la distancia en llano que tenemos que recorrer y por que es de noche.
La primera parte de la excursión se hace al atardecer, luego cae la noche. No hay nada relevante excepto los hermosos efectos de una puesta de sol detrás de la montaña, la sombra de la tierra y la del Pico. Pero se levanta el viento, duro y frío.
El final de la excursión se hace más pesado. Llegamos a una zona de lava reciente, aún entera, que forma grandes bloques. Caminar en la oscuridad es difícil y arriesgado, mientras se perfilan, de manera muy siniestra, unas rocas enormes de un color profundo. El cono final no es muy grande pero este último tramo resulta bastante cansado a causa de alguna piedras y, especialmente, de la arena amarilla de piedra pómez que cruje y se escurre bajo los pies. En cualquier otro país la ascensión sería muy fácil, no habría dudado en trazar un buen sendero. Aquí, nada de eso, el guía indica el camino: ¡muy sencillo, todo recto, siguiendo la línea de mayor pendiente! Llegamos arriba casi sin aliento pero, como siempre, nos sorprendemos de esta llegada repentina y de la ausencia de otras cumbres en los alrededores. La temperatura es de uno 15 grados bajo cero, con un viento muy fuerte. Rápidamente nos cobijamos debajo de una roca para disfrutar del espectáculo del amanecer.
No vamos a describir una vez más la magia del fenómeno. No hay ni una nube, apenas unas estelas. Nuestro pronostico eran acertados, tuvimos mucha suerte. Pero ¿como dejar de mencionar aquí la aparición de cada una de las islas destacándose sobre la noche, la sombra de la tierra cortando el cielo, siguiendo un gran circulo oblicuo, la sombra del Pico proyectándose a lo lejos, como un triangulo agudo, oscuro, de contorno preciso?
Para luchar contra el frío nos acostábamos junto a una fumarola, en la roca ardiente, y admirábamos el cráter central lleno de arena de oro, con placas de azufre bruto y brillante, en medio de las rocas rosadas y verdosas.
Pero la excursión no ha terminado, hay que volver a bajar. Corremos pendiente abajo. El descenso por la lava reciente, en grandes bloques triturados, desordenados, de una solidez dudosa, es quizá mas difícil que la subida. Es imposible ayudarse con el bastón con punta de hierro porque se entierra en los agujeros de las rocas. Visitamos la cueva del hielo perpetuo, una hermosa sala de techo de lava, donde venían, hasta hace poco, los habitantes de la Orotava a extraer el hielo para elaborar preciados sorbetes.
Pasamos a un refugio de montaña llamado “Altavista” y luego nos adentramos serpenteando entre las piedras, por una gran chimenea de escombros. Por fin, llegamos a las dunas doradas de piedra de pómez, y dejamos a la izquierda la carretera que baja directamente a la orilla del mar.
¡Que dunas más inmensas y mas ardientes! Bajo el sol de plomo forman hacia el este los contrafuertes caprichosos de “Montaña Blanca”. No hay horizonte y subimos para volver a bajar. Es una deliciosa monotonía, la impresión del desierto perfecto, de un color insoportable para la vista. Tenemos la clarísima sensación de estar perdidos, de que todo es idéntico, a la derecha y a la izquierda, delante y detrás. Reina un silencio aplastante, solo se percibe el crujir de la arena, otra vez esa piedra pómez que, en coladas inmensas, recubrió la lava. De vez en cuando emergen una escorias enormes, como gigantescas almendras garrapiñadas y aparecen aristas de lava, recortadas y extrañas, hinchadas y porosas. Sin duda es aquí donde uno experiméntala mas extraña y emocionante de las impresiones, la sensación de lo nunca visto, de lo nuevo, aunque con cierta angustia. No hay pájaro, no hay insectos, no hay nada.
Después llegamos a las coladas bajas del antiguo volcán, que se extienden y van a morir a Las Cañadas, en la inmensa caldera. Allí, lo que tenemos que atravesar es principalmente un terreno horizontal, grandes campos de rocas retorcidas por las que es difícil caminar: subidas y bajadas de una estría a otra colada, pequeñas extensiones de arena. Siempre vemos ese mismo espectáculo mientras rodeamos las “retamas”, arbusto vigorosos que crecen en matorrales bajos y anchos, rechonchos como cabezas de champiñones. ¡Parece que nunca saldremos de ese amasijo rocoso para llegar a las Cañadas!
Daremos un primer recorrido desde La Orotava al Portillo, en este punto se abren dos caminos, uno que nos lleva dirección al pico del Teide y el otro hacia Vilaflor. La primera etapa del camino de Chasna arrancaba del barrio de El Farrobo, en la parte alta de La Orotava, para dirigirse hasta la Fuente del Dornajito, que constituía la primera parada de los transeúntes. Las descripciones de viajeros y las guías turísticas de fines del siglo pasado presentan algunas dificultades para determinar esta primera parte del trazado del camino de Chasna, pues desde fines del XIX las ascensiones al Teide comenzaron a efectuarse por la carretera de La Perdoma hasta el barrio de Palo Blanco. A partir de ahí se ascendía hasta El Portillo. Este camino alternativo permitía acortar la ruta y hacerla más fácil.
Este camino fue visitado por numerosos científicos, matemáticos, astrónomos y botánicos. En 1724 el astrónomo, botánico Feuillée calculo la altitud del volcán Teide y aprovechó para lleva a cabo observaciones botánicas. Este viaje se puede considerar el hito que marco el comienzo de la exploración de la naturaleza insular. (El Camino de Chasna: Trazado y usos realizado por Matilde Arnay de la Rosa y J. Víctor Febles González)
Por la propia relación de su viaje sabemos que Feuillée utilizó en las Canarias por lo menos los siguientes instrumentos, que fueron transportados desde Marsella:
- Un semicírculo. Según Feuillée "el semicírculo es un instrumento de los más cómodos, de los más seguros y de los más fáciles de usar. Este del que yo me he servido es de más de un pie de diámetro y provisto en el sitio de las aliladas de dos buenos anteojos, el uno fijo sobre su diámetro, el otro móvil; el semicírculo está dividido en 180º, tiene una brújula exactamente dividida en 360º, cuya aguja es muy viva. Esta brújula me había servido para observar la variación del imán en varios sitios".
- Un cuarto de círculo.
- Dos termómetros de espíritu de vino, que se rompieron accidentalmente durante el descenso del Teide.
- Barómetros construidos por el propio astrónomo con su mercurio y sus tubos de cristal. Feuillée explicó el procedimiento utilizado para construir el barómetro, haciendo pasar cuidadosamente el mercurio por un paño con el objeto de conseguir su mayor limpieza e introduciéndolo en un tubo de cristal de 32 pulgadas de longitud. Más tarde se consideraría que el barómetro de Feuillée, mal privado de aire, carecía de la exactitud necesaria y, setenta y cinco años después, Humboldt recordaba que estaba constantemente demasiado bajo en seis, ocho o más líneas.
- Un reloj de péndulo.
Cuadrante de Picard
El resultado de sus investigaciones fue desigual. En la medición del Teide tuvo un error de cálculo; su medición trigonométrica adoleció del defecto originado por una base (la zona de playa próxima a la antigua ermita de La Paz en el Puerto de la Cruz) que no era completamente llana. Sin embargo, en la fijación de las respectivas posiciones de La Laguna y de La Orotava estuvo más acertado.
El matemático y geodesta francés Jean Charles Borda, realizo su primer viaje en 1771, y midió la altura del Teide en esta medición obtuvo una altitud de 1742 toesas. En 1776 el gran geodesta volvió a la isla y realizo nuevos cálculos. Fue entonces cuando obtuvo el resultado de 1905 toesas (3712,8m) que constituyo la primera determinación exacta de la altitud del Pico sobre el nivel del mar.
Intrumentos y operaciones realizadas por Borda en su primera visita a Tenerife. Tomando de viajero y naturalista en el siglo XVIII Alfredo Herrera Piqué
Circulo de Borda
Alejandro de Humboldt, Durante su estancia en Tenerife realizó una excursión al Teide y subió hasta la cima. Sus observaciones le permiten diferenciar varios estratos de vegetación asociados a las diversas altitudes y hacer otra aportación muy interesante: un exhaustivo y profundo análisis de todos los cálculos y trabajos de medición realizados hasta entonces para determinar la altitud del Teide desde Feuillée (1724) hasta Cordier (1803).
La isla de Tenerife fue la última de las Islas Canarias en ser conquistada y finalmente incorporada a la corona de Castilla en 1496. Fue al Adelantado Alfonso Fernández de Lugo a quien los Reyes Católicos encomendaron esta empresa. Una vez terminada la conquista y de acuerdo con la Real Célula de los Reyes Católicos (de 5 de noviembre de 1496 que permite el reparto de tierras, aguas, cuevas y demás bienes conquistados), se conceden datas (documentos de concesión de propiedad que estaban firmados por don Alfonso) a los colaboradores en la conquista de Fernández de Lugo. Es de está manera como en el año 1497 se le concede una data en el Barranco de Chamoco a Juan de Badajoz quien había sido colaborador del Adelantado y además jurado en el repartimiento de datas. A partir de este momento es cuando el Barranco de Chamoco pasa a llamarse Barranco de Badajoz.
La inaccesible cueva del Cañizo, ubicada alrrededor de los 100 metros de altura con respecto al cauce del Barranco de Badajoz, representa, sin duda, el vestigio prehistórico más significativo que allí se encuentra, y demuestra la actividad aborigen en el lugar. La cueva del Cañizo debe su nombre a las doce varas de madera que se hayan colocadas en el techo de la misma, las cuales, pueden verse perfectamente desde el cauce del Barranco. Estas varas de madera sonpresumiblemente de sabina, aunque no podemos afirmarlo con certeza ya que la Cueva del Cañizo no ha sido nunca debidamente explorada, a pesar de que Nicolas Goode nos cuenta que en 1892 la cueva fue explorada por el Dr. Oscar Symony, no consta que hubiera realizado ningún tipo de estudio del lugar como tampoco parece haberse llevado a cabo ninguno hasta el día de hoy.
Existen varias teorías sobre el porque de la colocación de este cañizo en la Cueva:
- La teoría más popular es que el cañizo fuera utilizado para colocar alimentos para su curación, principalmente queso. Al respecto, Felipe Miguel de Poggi Borsotto afirma en 1868 “Se le designa con el nombre de cañizo o quesera de los guanches, porque estos aborígenes se servían de aquello para poner a secar sus quesos...” ². En el caso de que la cueva hubiese sido utilizada para llevar a cabo esta labor tan cotidiana, cabe pensar que el acceso a la misma debió haber sido mucho más fácil de lo que lo es hoy en día. Quizá una vereda permitía a los guanches llegar hasta el lugar y depositar allí sus alimentos. La maltrecha vereda, simplemente, habría terminado desapareciendo tras una fuerte tormenta.
- Según Francisco Remedios Acosta la cueva del Cañizo podría haber sido utilizada por los guanches para llevar acabo prácticas rituales “Consiste en la colocación de travesaños de madera (cañizos) en lo alto de la cueva. Sobre la madera se colocaría el cadáver para que fuese descarnado por los pájaros (guirres). de esta manera el cuerpo del difunto era transportado al más allá.”
- Sabino de Berthelot en Etnografía y anales de la Conquista de las Islas Canarias, hace referencia a los “combates gimnásticos” de la isla de Gran Canaria “...Pero de todas las proezas, la más audaz consistía en trepar los escarpes casi inaccesibles, para en ellos plantar enormes postes de madera, que dejaban fijos en el risco como honrosos recuerdos.”
Felipe Miguel Poggi Borsotto 1868
“En la ribera de la parte del sur y a una altura casi inaccesible hay una cueva, morada de otro tiempo de los guanches, en cuya parte superior se divisan unos palos colocados en forma de envigado. Desde abajo aparece su espesor como el dedo pulgar de un hombre y su color es blanco; pero sabemos con referencia a una persona que logró penetrar allí con inminente riesgo de su vida, que tienen como media vara de diámetro y es una clase de madera no conocida en el día. Se le designa con el nombre de cañizo o quesera de los guanches, porque estos aborígenes se servían de aquello para poner a secar sus quesos...”
Ireneo González 1883
“En la cueva del cañizo se alcanzan a ver unos palos que algún temerario que ha llegado a penetrar allí asegura ser de sabina.”
René Verneau 1890
“Un lugar como este no podía dejar de atraer a los antiguos, a quienes tanto gustaban los barrancos escarpados. Por todas partes se ven cuevas que les sirvieron de refugio. Desgraciadamente, todas han sido devastadas, aparte de una que nunca nadie a podido alcanzar. Situada a una altura prodigiosa, contiene unas vigas colocadas allí sin duda para mantener bloques poco sólidos. Ya había realizado ascensiones difíciles y no creía que estuviese más allá de mis fuerzas. Con la ayuda de mis pies y manos ascendí la mayor parte de la distancia que me separaba de la cueva inexplorada. Extenuado, quise descansar en un grueso bloque que parecía estar puesto allí a propósito. Desgraciadamente la roca no estaba firme y cedió bajo mis pies. La seguí en el descenso y debo la vida a una de esas plantas tan temidas allí, la euphorbia canariensis. Ella me paró en mi caída demasiado rápida y después de ese día profeso culto a esa planta. Menos afortunado que yo, mi reloj rodó hasta el fondo del abismo.”
Nicolás Goode 1893
“La amplia cueva guanche, que es objeto de interés en este barranco fue explorada el año pasado por el Dr. Oscar Simony. Es bastante inaccesible para cualquiera salvo para los más prácticos escaladores de montaña. Una pequeña cruz de madera en sus inmediaciones señala el lugar donde recientemente fueron encontrados los restos destrozados de un pobre cabrero que cayó de bruces al precipicio.”
La actividad de resinar, hoy abandonada, se realizó a principios del siglo XX en varios municipios del sur de la isla. Consistía en realizar un corte longitudinal en el tronco, que se alarga hacia arriba cada cuatro o cinco días, hasta llegar a la parte leñosa en la que se colocaba transversalmente un trozo de lata que tenía la misión de reunir la resina y separarla del tronco con el fin de que cayera directamente al suelo donde era recogida en recipientes de barro. Como el calor favorese la salida de la resina podemos observar que la mayoría de los pinos tienen el corte orientado al poniente. De la destilación de la resina o trementina se obtiene aguarrás, colofonia o pez que se utilizaba para calafatear los barcos y un aceite medicinal denominado miera que era de mejor calidad que la que se obtenía con los pinos resineros peninsulares.
TENERIFE : como hemos visto se le llamaba "Chenech" Por los estudios realizados parece ser que los antiguos pobladores de la Isla de La Palma al ver en el horizonte al Teide cubierto de nieve... empezaron a llamar a la isla con al nombre de "Tenerefez", que significaba "Montaña Blanca" ... Esta palabra venía de las sílabas "Ten" que significaba monte; y de "er efez" que significaba lo blanco. Esta isla la habitaban los "Guan Chenech" o sea, los "Hombres de Chenech".
"Guanche" era el nombre con el que se designaban a sí mismos los nativos de la isla de Tenerife. Esta palabra viene de "Guan Chenech", que singificaba "Hombre de Chenech", o sea, hombre de Tenerife. Actualmente la palabra "Guanche" globaliza a los aborígenes de todas las Islas Canarias.
¡Qué odisea subir 1.200 kilos de material por la montaña hasta 2.715 metros de altura! ¡Nunca se había visto cosa igual!. Fue duro pero, ¡qué recuerdo tan especial!. Mis cajas suben muy lentamente. ¡Qué suerte para los arrieros! Los bultos, a pesar de las precauciones adoptadas a la salida, son, según ellos, demasiado pesados, o demasiado largos, o demasiado anchos... Por otra parte, aunque muy fuerte y de gran resistencia, el español sólo es montañero por accidente: nunca carga nada, no va por donde la mula puede pasar, ¡pero que bien habla!.
¡Vaya! Habrá que requisar algunos camellos del llano. Un camello del norte, para ir de La Orotava a Las Cañadas y un camello del sur, para seguir de allí a Guajara... El camello del sur llegó al observatorio de Las Cañadas. El camellero intenta convercerlo pero el camello no quiere cargar nada.
Retrato de D. Pedro Glez Enrique II desde el primer momento, toma este presente como muy valioso, pues era una rareza desconocida en la Europa de aquella época. El conocimiento de la lengua castellana del rey francés, le permite descubrir de boca del niño, que su nombre es Pedro González, que proviene de la isla de Tenerife y que su padre era un jefe tribal de los antiguos guanches. La mentalidad en el París del siglo XVI, relacionan el aspecto de muchacho con la del mito del “salvaje”, proveniente de unas islas en medio del Océano Atlántico que reforzaban tal concepto. Enrique II se propuso, desde el principio desterrar el lado salvaje del niño, he inculcarle una buena educación y costumbres sociales refinadas. En 1551 se encarga la custodia y cuidados del muchacho a Francois Vacheri con el titulo de “gouvernement du saulvaige du roy nostre sire” (gobernador del salvaje del rey nuestro señor), con una asignación mensual de manutención de 50 sous de plata al día. Pedro González fue instruido en humanidades y latín, lengua que se consideraba la mas alta expresión de cultura, solo reservada para la aristocracia y por ende saberla hablar perfectamente era sinónimo de prestigio social. Cuando tiene 19 años Don Pierre sauvaige, nombre afrancesado de Pedro y el agregado de “salvaje” con el que seria conocido en palacio, llega a un estatus social envidiable dentro de la corte, no solo por concederle el rey el puesto de “somelier de panneterie bouche du roy” (servicio de boca del rey), puesto reservado para los nobles de mayor rango y con un sueldo de 240 Libras anuales, si no por reclamar el derecho de la anteposición del “Don”, en su nombre, por ser descendiente de un jefe tribal.
En 1573 Don Pedro González se casa con una bella parisina del que solo se sabe el nombre Catherine, y que muy posiblemente fuera dama de compañía de la reina Catalina de Médicis. De este matrimonio nacerían 6 hijos, tres varones y tres hembras, Madeleine, Enrique, Fransoise, Antoniette, Horacio, y Ercole. Solo en dos de sus hijos no se repitió la enfermedad, fue en los casos de su hija Fransoise y el de su hijo Ercole, este ultimo fallecido en los primeros años de edad y hay constancia que la Hipertrichosis, también afecto a sus nietos. De estos años hay varias pinturas y grabados de la familia. Sirva de referencia los cuatro cuadros de cuerpo entero que se encuentran en el castillo de Ambras, en Innsbruck, Alemania, donde se representan a Don Pedro González su esposa Catherine, sus dos hijos Madeleine y Enrique o los grabados que se encuentran en el Nacional Gallery of Art de Washington. Como curiosidad sobre estas pinturas debemos decir, que los oleos que se encuentran en Ambras han prestado su nombre para la enfermedad de Hipertrichosis, conociéndose también como “síndrome de Ambras” a esta afección, por los retratos de Don Pedro y su familia
Enrique González, conciente de el amor que el Cardenal Odoardo sentía por la naturaleza, le hace creer que el es también nacido en las Islas Canarias y por lo tanto tan “salvaje” como su padre y los deseos de reencontrarse en un medio natural que le recordara a sus orígenes isleños. De esta época es una pintura que recrea a Enrique González con una prenda netamente de los antiguos pobladores de Canarias, el “tamarco”, con lo que queda claro que Enrique, con el conocimiento de las costumbres de sus antepasados, seguramente por tradición oral de su padre Don Pedro, el cual siempre se sintió orgulloso de su origen guanche, hizo creer a su señor, su nacimiento en las islas. En el pueblo de Capodimonti donde Enrique González se instala con el pretexto de que aquel lugar le evocaba su país natal.
Terminaran apaciblemente los días la familia González “Piloso”, agregado este italiano que fue sustituido por el “saulvaige” francés y menos despectivo. La muerte de Don Pedro González en 1618 con 80 años en Capodimonti, marcara el final de una historia asombrosa, determinada por la rara enfermedad de la Hipertrichosis o síndrome de Ambras.
Yten que quando algunos pastores, o otras personas pasaren sus ganados maiores, e menores de vna parte a otra miren bien el ganado que lleuan mas de lo suio, e dexen lo ageno, so pena de lo pagar con las setentas como la cosa hurtada; auque digan que lo lleuo por yerro.
Yten que ninguna persona sea osada de sacar cueros al pelo desta isla, aunque tenga licencia para ello, sin los mostrar a alcalde de mesta, para que vea las marcas, e digan e declaren de quien los compraron, para que los haga herretear, e vea si fueren hurtados, so pena que si los tomaren en el puerto sin herretear, los pierda, e si lo sacare, pague la estimacion.
Otrosi ordenamos que ninguno se osado de dar musica de noche con biguela, ni con otra cosa alguna, sopena que si dando la dicha musica fuere hallado, o parado tañendo, no estando a la puerta de su casa, o diez pasos al derredor, que pierda la biguela, o otro instrumento con que tañere, y sea el alguazil, o justicia que lo tomare.
Otrosi que cualquiera persona, que se hallare de noche arrimado, o parado, por algun espacio, a puerta, o pertenencia agen, que sea preso e llebado a la carzel, y pague dos reales a alguacil, de mas del carcelaje y si fuere hombre de mal biuir, o sopechoso, la justicia proceda contral el, y si no lo suelten otro dia.
Icor núcleo de población. En este lugar emblemático perviven las características de la arquitectura doméstica en armonía con su paisaje agrario tradicional, importante no sólo para Arico sino para todo el Sur. Su origen prehispánico, del Siglo XVII y XVIII.
Es por estas características, tomada de la 'Guía de recursos patrimoniales del Sureste de Tenerife', publicada por la Asociación Cultural Sureste de Tenerife, han hecho merecedor a este Caserío, ya desde el año 1984, de la correspondiente declaración de Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico
En Icor encontramos las típicas crujías alargadas de Arico, configurando en algún ejemplo un patio abierto con aspecto de callejón.
Varias de sus casas presentan granero en planta alta al que se accede, como es usual en Arico, mediante una escalera rematada en balcón.
Generalmente tanto la escalera como el balcón se construyen con madera, aunque en Icor también podemos encontrar escaleras de piedra de tosca. Los constructores de Icor utilizaron los materiales que le proporcionaba el propio terreno, piedra para las paredes, barro para las tejas y madera para las carpinterías. El resultado es una armonía de texturas y colores que se mimetizan con el paisaje.